Bienvenidos

Resulta difícil comenzar a escribir, o eso he leído más de un centenar de veces en libros, cartas, ensayos, síntesis y declaraciones de amor varias. Uno nunca sabe con qué empezar y espera paciente un rayo de inspiración que le azote como el viento azota las velas que mueven un barco, para navegar así por un océano donde, como decía el amigo Feyerabend, “todo vale”.

Este problema motor, de acción, de “¿cómo empiezo?”, suele acabar en la utilización del propio problema y su explicación como solución al problema mismo (técnica que estoy utilizando clara y descaradamente). Esto permite a cualquier escritor -o pretendiente de, hablemos con humildad- quitarse de en medio el miedo que supone profanar una página en blanco, manchar con la sucia letra la pureza de una página virgen, y además estar a la altura de que lo escrito valga más que lo escribible.

Siempre me han gustado, he de reconocer, las presentaciones estilo John Dillinger (o mejor dicho, estilo cómo nos hicieron creer en Hollywood que se presentaba John Dillinger), y aún coincidiendo con él en “los libros, el cine, los coches, el whiskey…”, me reservo el “y me gustas tú” para momentos estricta y personalmente privados, pues si proclamara aquí a los cuatro vientos y de forma abstracta mi gusto hacia el lector, cualquiera que fuera su naturaleza (y sobre todo, su apariencia), no me tomarían en serio las mocitas madrileñas los sábados por la noche. Pura seguridad jurídica, nothing personal que diría Mario Puzo.

Además me gusta la música, la comida, comprar libros, las cosas viejas y los lapiceros. Como hombre me gusta el fútbol, conducir yo, y las mujeres con medias. Como madrileño me gusta la ginebra y me gusta el postureo. Como dandy me gustan las chaquetas entalladas, las solapas anchas, y los zapatos ingleses; y como sibarita me gusta la comida cruda, el chocolate con leche, el vino dulce y la trufa. Me gusta mucho la trufa

Haciendo justicia sobre todo al ejemplo que predico, y precisamente por el hecho de ser hombre, madrileño, dandy y sibarita, debo recalcar que lo que más me gusta del mundo mundial, por encima incluso de una película con una buena manta y mejor compañía en una noche de invierno al lado de una hoguera,
es ir de copas. Adoro la conversación que surge en torno a un grupo de amigos y amigas, reunidos para soltar a volar nuestras lenguas empapadas en Martin Miller’s, ron Brugal, o incluso vodka. Y es precisamente de tantas noches que hemos pasado de copas y de tantas veces que hemos solucionado el mundo entre hielos y risas, que nos surgió la inquietud interior de comenzar este blog. Cuántas noches, tras horas y horas de conversación efusiva en diversos centros de alto rendimiento cerebral y elocuente, ha concluido el Sr. Darlington “con menos que esto, se han escrito libros”.

Por eso mismo, le cedo la palabra para que remate debidamente la bola que le acabo de bombear.

Gracias, Mr. Young.

Mi compañero de copas y sobre todo mi buen amigo Mr. Young (sí, incluso en el fragor del alcoholismo sé distinguir sendos conceptos),  me ha invitado a  a abrir este lugar junto a él para contarles lo que nuestra locura alcance y su insensatez permita.
Desempolvo los viejos bártulos, oxidados por tanto tiempo sin nada que cantar, busco mi antiguo cuaderno de notas y un buen Pilot V7, al que ambos estamos enamorados (aunque el sólo reconozca su relación con los lapiceros) y comienzo a escribir algo que nos sirva de carta de presentación.

Nos gusta leer y nos gusta la buena ginebra, no por ese afán contemporáneo de ser un gourmet. La copa no hace el monje, en eso creemos y en eso creeremos siempre, cuando cenábamos en vasos de plástico y con el peor ron del “chino”, al que nosotros llamábamos importador oriental por razones comerciales.  Y sí, nos gusta la ginebra porque nos gusta, oigan. Como nos gustan las morenas, los jerseys de Loro Piana o los discos de Bob Dylan.

Me gusta el Real Madrid y aún tiemblo sólo de pensar en un hijo mío con una camiseta del Barcelona preguntándome que demonios es eso, de “Els Valors”. Y es que, ese fantasma que recorre Europa, vestido de azul y granate, no quisiera que entrase en mi casa bajo ninguna circunstancia.

Me gusta el invierno, me gusta la lluvia y me gusta el frío. ¿Y por qué?, pues no lo sé. Pero quizá prefiera, ver un abrigo cruzado que un hombre en top less. Manías de uno oigan.

No soy hombre complejo, yo me defino como fácil de comprar, difícil de vender, por eso mi compañero tiene serios problemas en hacer una publicidad meramente razonable de mi triste figura. Soy hombre poco complejo y sin complejos. Un “zorro viejo” como me llama el Sr. Young o un “viejo zorro” como me llaman mis amigos cuando el espíritu ha sufrido más de la cuenta las bebidas espirituosas, valga la redundancia.

Crucé el Rubicón de la soltería hace mucho ya veremos cuanto tiempo tardo en volver a nadar a la otra orilla, pero dada mi característica habilidad de nado, es probable que tarde más de lo deseable. Sí, no soy ningún atleta, me preparo físicamente para el día de mi boda, siempre creí en el largo plazo. La operación bikini para mí es una quimera.

Como diría el personaje de Wilde que encubre mi verdadero nombre, “he pensado seriamente sobre el matrimonio, por eso sigo soltero”. SI es usted mujer, dénos una oportunidad, si es hombre, compadézcase de sus compañeros de género y aprenderá con su lectura qué no hacer en muchos campos. 
Reconozco que el Sr. Young y yo de forma individual todavía tenemos alguna luz de vez en cuando. Mancomunadamente les garantizo que no. Así que nos iremos alternando en la confección de posts, que esperamos sean de su agrado.

Bienvenidos, pasen, vean y esperemos pronto oír de ustedes: “Lord Darlington, Mr. Young, ¡lo de siempre!, ¡como nunca!”

Alaska Young 
Lord Darlington 

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2 pensamientos en “Bienvenidos

  1. Me declaro fan incondicional de su blog ad Absurdum y Ad Eternum, oigan.
    Aún no consigo decidirme entre ninguno de los dos, quizas deba quedarme con los dos… les seguiré de cerca por si acaso.
    Ana.-

  2. “Sobretodo”: bonita prenda de abrigo
    “Rubricón”: debe tratarse de una gran firma dispuesta a ser cruzada
    Menos alcohol, más diccionario.

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