Un pequeño gran salto

I have nothing against the Queen of England. Even in my heart I never resented her for not being Jackie Kennedy. She is, to my mind, a very gallant lady, victimized by whoever it is who designs the tops of her uniforms.

Leonard Cohen

 

Dentro del mundo de los blogueros, del que tanto Darlington como yo inevitablemente somos parte, hay temas de la vida cotidiana especialmente recurrentes. Uno de ellos ha sido, como no, el salto estratosferico de nuestro amigo Felix Baumgartner, Félix para los amigos. Eso supone una “licencia para matar” por la que cualquier bloguero del mundo coge el tema y le da un sentido irónico, abstracto, humorístico o metafísico incluso, para justificar una nueva entrada, y al igual que cuando se empezaron a llevar los pantalones con vuelta, nosotros no vamos a ser menos.

Coincidencia o no, el salto de nuestro “amigo” Félix coincidió con mi regreso de un pequeño viaje a la europea y preciosa ciudad de Viena. Si durante mi estancia en la tierra del Schnitzel reflexioné sobre varias cosas que llamaron mi atención, el espacial suceso me dio la excusa perfecta para escribir sobre ello y encima inventarme un título cursi y absurdo.

¿Qué más se puede pedir? Regresas de viaje y te encuentras decenas de mensajes en el buzón de voz, son tus amigos blogueros preocupados porque no has escrito sobre el salto del amigo Félix, porque no has hecho una metáfora ocurrente, porque no te has creído pionero. Piensan que has dejado las drogas, piensan que has muerto, piensan que han secuestrado a tu perro y llevas días buscándolo, e incluso algunos llegan a pensar que has dejado la vida literaria para darte a la vida laboral, cual puta que se vende por dinero, como cuando Guti se mudó a Estambul para jugar en el Besiktas y dejó a medio madrid pensando: “tu quoque, Brute, fili mi?”.

El objeto de este artículo fue un pensamiento que me vino a la cabeza mientras contemplaba los magníficos jardines del Palacio de Schönbrunn en Viena, donde viviera la mítica princesa Isabel de Baviera, Sisí para los amigos (mujer afirmativa donde las haya). Tener un blog como este te da una fama que te abre muchas puertas, aunque mentiría si dijera que cerraron el palacio para mi visita a causa de dicha fama, y no recibí ni un solo elogio por “La Traición Viril” que me consta que al menos un austríaco leyó. Nada de nada.

¿Qué tiene que ver Sisí en todo esto? Paseando por los antedichos jardines, con el peacoat cerrado hasta arriba y una gruesa bufanda protegiendo mi delicado cuello, pensé en lo que un día habían sido esos jardines, en la grandeza que habían albergado y a lo que habían quedado reducidos.

A ver si consigo expresarme bien, ¿en qué momento se decide que un palacio de tales dimensiones, residencia y sede del Jefe del Estado (al menos en verano), pase a ser un museo? Lo siento señores, pero no me lo imagino, no cabe en mi cabeza. No consigo imaginar a un funcionario del gobierno entrando en el despacho de algún superior y comentarle la genial idea que ha tenido, por la cual la residencia de verano de la familia real ahora va a monetizarse por 12€/persona. ¿Gritaría Eureka! aquel Arquímedes del S. XX?

El motivo de esto, como todos nos imaginamos, es el ahorro. Sale más barato que los reyes vivan en un chalé en las afueras de Madrid a que ocupen el palacio más espectacular de Europa (y me disculpa Versalles) como lo es el Palacio Real de Madrid. Se que no han estado, o que si han estado fueron con el colegio, así que vuelvan, mañana, esta tarde.

Pero, ¿desde cuándo es el ahorro tan importante? recuerdo que incluso cuando había dinero hará ya unos años, vivían Sus Majestades en La Zarzuela, y no en un palacio de 135.000 metros cuadrados en pleno centro de la capital.

Isabel II del Reino Unido, firme en la fe, se niega a abandonar Buckingham a cambio de un penthouse en Chelsea. Hola, me llamo Alaska Young y a veces me imagino a la Reina Isabel, cabeza de la Iglesia Anglicana, cantando la famosa canción de Joan Baez con Felipe de Edimburgo haciéndole los coros:

como un árbol firme junto al río

no nos moverán,

unidos en la lucha,

no, no, no nos moverán!

Esta llamada sociedad en la que vivimos ha condenado la grandeza y el exceso, y no ha dejado con cabeza si siquiera a las instituciones más básicas de un país. No estoy diciendo que se paseen Sus Majestades en un Audi hecho de plata como el que tiene el Sultan Al Nahyan, ni en una limusina recubierta de oro como el Sultan de Brunei, pero si algo nos ha caracterizado a los europeos a través de la historia es el saber compaginar dinero, grandeza y poder, con mucho muchísimo estilo. Hay que saber mantener unos mínimos, oigan.

Es por esto, que cuando vi a nuestro amigo saltar desde la estratosfera (aquí entra el tema-excusa de moda), previo saludo militar a la cámara, me vino a la mente el día hace seis siglos en que alguien en mitad del océano gritó “Cristóbal, agárrate bien los huevos, hay tierra a la vista”, o el día ese mismo año en que murió el último moro de la península, y la madre de Muhammad XII de Granada (Boabdil El Chico para los amigos) le susurraba a su hijo con voz de gaditana con malas intenciones: “llora como una mujer por lo que no has sabido defender como un hombre”. 1492, realmente, fue un buen año.

Y precisamente porque de 14 va la cosa, un 14 de octubre se libró al batalla de Hastings, un 14 de octubre Jim Hines corrió por primera vez los 100m por debajo de los 10s, un 14 de octubre el gran Theodore Roosevelt dio un discurso en Wisconsin tras ser disparado, con la bala aún dentro de su cuerpo, un 14 de octubre Joan Baez es arrestada en Oakland, California, y un 14 de octubre nació el gran Fernando VII, veleta absolutista-liberal, por ejemplo. Ese mismo día pero siglos después murió Patrick Dalzel-Job, que si no saben quién es les recomiendo que lo averigüen.

El 14 de octubre de 2012 Felix Baumgartner saltó de una cápsula situada a 39.068 metros de altura, para demostrarnos que aún somos grandes y que es mejor saltar a tiempo que quedarse toda la vida en una cápsula que no va a ninguna parte. Un pequeño gran salto para reírse de la modernidad, de la progresía, de la mediocridad, de la igualdad, y dejar claro que pase lo que pase, el ser humano es grande, que hay esperanza, y que como escribía Guillermo Galván: “no hay colisión, ni ley, ni gravedad, que te pueda hacer caer, aunque tiren a dar”.

Vivo sin vivir en mí, y muero porque no muero, pero no porque espere tan alta vida como Santa Teresa de Ávila, sino porque tengo que ver a mi príncipe conduciendo y a mi princesa repitiendo vestidos de noche.

Si Sisí levantara la cabeza… tendría un montón de pelo que quitarse de la cara. Muy buenas noches.

Alaska Young

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