El Estudiante

¡Chano! Date prisa wey, que la fila se hace grande. Con estas palabras un completamente desconocido mejicano llamó mi atención en los alrededores de un local de mala muerte madrileño. El amigo vestía de 7 Camicie (cómo buen mejicano, claro), cosa que siempre me ha hecho pensar que Hernán Cortés no solo acabó con el oro y el tabaco, sino también con la discreción en la vestimenta.

Lo que me llamó la atención no fue la urgencia que el jóven americano tenía por entrar a  bailar funky, no obstante este aspecto merece un paréntesis. ¿Qué nos pasa con el funky?  Entiendo que alguien sienta adrenalina al bailar salsa, fatiga muscular al bailar rock and roll, sexual arousal al bailar reguetón o incluso absolutamente nada al bailar rap, si es que eso es posbile. Lo que no me explico, señores, es el total descontrol en el que se sumerge la gente cuando suena música funky. Es como si nada importara, no hay barrera, no hay censura, no hay vergüenza y sobre todo no hay excusa. Veo a algunas mujeres bailando y pienso que pierden el sex appeal que tenían, o ganan uno que nadie pensó que pudieran tener. Siendo francos, me encanta acudir a locales donde la gente va a bailar música funky, o simplemente va y se ve obligado a hacerlo. Bailen funky.

Chano, Chano, Chano, ¿Quién era Chano? ¿Qué importa? No dudo que aquel Chano sea una bellísima persona, pero me importa porque me hizo recordar a Chano, el Chano que yo conocía (o que mejor dicho conocí), Chano sin apellido, Chano El Quijote.

Chano es el protagonista de una discreta película mejicana de Roberto Girault llamada “El Estudiante”. Es sobrecogedora, impactante, y bellísima. Es una historia de amor, amor en todos los sentidos. Es una declaración de amor universal.

De amor, sí, pero de amor del genuino, amor como madera vieja, amor que huele a cuero y a primavera, amor derretido. Amor del otro, amigos.


¿Amor por una mujer? también, pero amor en general. Chano ama todo lo que tiene a su alrededor, Chano tiene setenta años y nunca ha dejado de amar, de amarlo todo. Chano me emociona porque lo tiene todo muy claro, y porque joder qué buen día aquel que Mateo Alemán escupió al aire que la juventud no es un tiempo de la vida, sino un estado del espíritu. Chano, con setenta años, decide volver a la universidad.

Me gusta porque la película pasa de la paja hollywoodiense en que todo el mundo le dice que está loco y que no lo haga, aunque por supuesto se lo dicen, pero él lo sabe y no tiene problema, y además tiene a su lado a una mujer que sabe lo loco que está y que no se explica a quién le puede eso importar.

¿Sabían ustedes que “hidrocálido” es un gentilicio oficial en Méjico para la gente de Aguascalientes? Me pregunto quién fue el genio al que se le ocurrió eso, y que tuvo el coraje de decirlo en alto.

Chano aparece en una universidad donde todo es, en fin, universitario. Él es diferente, y no porque sea viejo y esté arrugado como las camisas cuando nos desvestimos, como los dedos cuando los mojamos, como las espaldas cuando nos estremecemos. Él es diferente porque viene de otra época y trae consigo otras creencias, otros valores, otras virtudes. Viene del tiempo en que cuando algo se rompía, se arreglaba; y en que los problemas sin solución no eran de verdad problemas. Viene del tiempo de correr por las calles, viene del tiempo de mojarse con la lluvia, viene del tiempo de bailar lento.

Esto me hizo preguntarme a mí mismo: Alaska, ¿ARE WE GETTING ENOUGH?. ¿Qué le ha pasado al amor? ¿Qué le ha pasado a ir peinados, a llevar el pantalón en la cintura? ¿Qué le ha pasado a no avergonzarse? No entiendo el momento en que decidimos que mostrar nuestro amor, nuestro entusiasmo, “joy” que dirían los alemanes (los alemanes que saben inglés) estaba pasado de moda. Mi hermano pequeño me dice que le da vergüenza ayudar en misa, que piensen que es un pringado, y yo le digo: ¡Pringado! ¡Eso quieres ser! Yo siempre fui un pringado, pringado de vida, de amigos, de familia, de risas, de copas, de amor. Siempre que saltas sobre un charco, sales pringado de agua, y te llevas ese agua al próximo charco sobre el que decidas saltar. Los que están fuera, debajo del paraguas, detrás de la ventana, jamás se pringan.

¿Cuántos discos tiene Frank Zappa?

 “Love.

Love like a sunset,

love like a thunder,

love like a storm”

¿Es el rojo el color de la pasión? Depende. El color de mi pasión es el negro, por ejempo. Es negro cuando cae la noche, es negro cuando apago la luz, es negro cuando como trufa aunque ésta sea blanca, y es negro cuando bebo un gin tonic blanco pues sus ojos, los de ella, son color de trufa, color de trufa negra. Es negra el agua si se mancha, si la mancha un calamar, pero también si es negro el fondo de la piscina. ¿Por qué no habrá piscinas negras? Era negra Jane Birkin en La Piscine, porque era negro aquel vestidito. Aquel vestidito, amigos.

Platón se preguntó ¿Qué es lo bello? y escribió un libro con dicho título. Bob Marley hablaba sobre ella:

Yo me imagino a Sócrates sentado al lado mío en un concierto de Vetusta Morla, con los pelos de punta como yo, y al otro lado está Brigitte Bardot, igual de excitada. En un momento dado Pucho deja de cantar, y mirándonos nos recuerda que la alegría del alma forma los bellos días de la vida, y yo me levanto y grito: ¡y viceversa!.

Yo pienso en aquella escena cuando Chano llega a una fiesta de la universidad, con el brazo de Alicia enhebrado en el suyo, y se pone a bailar con ella en medio de la gente. A bailar lento, oigan, a bailar pegados, no con la pelvis pegada al cóxis, sino con la cara pegada al pecho, bailar pegados que como bien decía Sergio Dalma es bailar, igual que baila el mar, con los delfines. Se que muchos lectores están contentos de que por fin aludo a una cita que conocen, pero eso da igual, porque la gente está alucinando con ellos, por como son, por como viven, por como se miran. Ellos alucinan y alucino yo cuando cambia la cámara y oigo al joven Santiago decirle a su desde-hace-poco novia: ¿Te imaginas, estar así en veinte años?

Me gustaría, como Chano, llegar a viejo con el espíritu de quien ha convivido con el amor, con la pureza, con la dulzura que hay detrás de una sonrisa, y llegar preocupado por cómo podré desacostumbrarme a la bella costumbre de su compañía. La belleza del hombre, amigos, siempre está en la sonoridad, o en el signfiicado..

Alaska Young

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6 pensamientos en “El Estudiante

  1. Darlington tengo una tarde tranquila en el trabajo y he pasado un buen rato leyéndoos, no puedo estar más de acuerdo con la cursileria, aquí te van dos perlas de un restaurante santanderino: “cenas temáticas” y “maridaje dirigido” por supuesto por un “gastro gestor”. Al señor Young comentarle que por lo visto en las pruebas de acceso a A&F han exigido la lectura de las memorias de guerra de Sir Winston después de su artículo, por cierto el comentario de mi esposa no tiene precio “¿para qué necesitan ser inteligentes
    con esos cuerpos, querido?

    • Carlos,

      Le agradezco su comentario y su simpatía. Me ha dejado boquiabierto con semejantes improperios escuchados en un restaurante de Santander.

      Yo el último en el que estuve fue en uno, de cuyo nombre no quiero acordarme, en la que me presentaron 9 tipos de panes antes de ponerme uno de ellos junto a sus respectivos curriculums. Me dieron ganas de dar la mano a cada uno de los panes tras semejante presentación pero no se me presentó la ocasión.

      No deje influenciarse por su mujer, espero verle pronto con una camisa azul de rayas horizontales y no con chanclas de cuero y camiseta apretada (estoy seguro que ella también preferirá la primera imagen).

      ¡Un abrazo!

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