Lisboa y el Beat

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Siempre que alguien me dice eso de que “después de la tormenta siempre llega la calma”, pienso que para mí, si mirara hacia atrás e hiciera inventario de las “tormentas” y las “calmas” vividas, éstas últimas han demostrado ser siempre más tormentosas que la tormenta en sí.

El trabajo, las obligaciones, las responsabilidades, lo rutinario, lo monótono (la tormenta, en definitiva) siempre tienen una especie de orden, una suerte de patrón que siguen hora tras hora, día tras día, e incluso año tras año. Será más o menos agradable, más o menos doloroso, pero es constante, es ordenado y es lineal. Es como el ritmo de la canción “The Boxer” de Simon & Garfunkel, escrita por Simon pero cantada por Garfunkel.

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Por su lado, la calma es placentera, ociosa, libre y anárquica; y precisamente es así porque es lo que cada uno quiere que sea, sea lo que sea. No importa que cuando llega la calma te dediques a leer a Vargas Llosa bajo la sombra de un tilo mientras saboreas un Bahezre de Lanlay; o que te dediques a encerrarte en tu habitación para tragarte las dos temporadas de Homeland del tirón, que empalmarás con las dos de Suits y que harán que tu mayor esfuerzo intelectual sea decidir si eres más de Donna o más de Rachel; o que te dediques a beber gin-tonics y Moët como si no hubiera un mañana para acabar volviendo a casa con dos elegantes señoritas, que ni son elegantes, ni son señoritas.

Hagas lo que hagas, será placentero, ocioso, libre y anárquico. Pero de eso, amigos, hablaremos otro día.

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El caso es que buscando no se muy bien el qué, decidí coger el coche, un par de camisas de cuello “Mao” y lo poco que me quedaba de herencia; y cuando me quise dar cuenta estaba sentado en la Praça Luís de Camoes de Lisboa con una copa de vinho verde en la mano y otras tres en el estómago. Un compañero bloguero de bastante más éxito y reputación que yo me advirtió: “con un vinho verde, en todo caso, todo se ve de color de rosa”, y tenía razón. Al poco tiempo estaba yo más tuerto que el bueno de Luís Camoes, aunque obviamente por motivos diferentes.

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Tras varios días de “calma”, empecé a entender qué es eso que tiene Lisboa que a tanta gente enamora, y pensé que Lisboa es como el Desolation Peak que describía Kerouak en “The Dharma Bums“, como un verso cualquiera del “Howl” de Ginsberg, como los dos primeros párrafos de cualquier historieta del “Naked Luch” de Burroughs.

Con sus calles mal asfaltadas, sus sucias aceras y su apariencia decadente y vieja, es un desorden total y absoluto con un no-se-qué mágico que hace de esa gran selva de mármol sucio y sombreros el refugio perfecto para hedonistas bohemios que luchan por convencerse de lo señoritos que son.

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Lisboa me recordó a San Francisco, pero con un betún especial con el que los norteamericanos no pueden vivir. Le comenté esto a Rui, un borrachuzo de cuarenta y pico que conocí una noche, y me respondió que “Lisboa será como San Francisco el día que los portugueses sean como los americanos, y eso nunca pasará porque no somos ni tan ricos, ni tan guapos, ni tan limpios como ellos”. Ahí quedan sus palabras.

Quizás lo da la basura de las calles, quizás lo dan los adoquines asimétricos de las aceras, quizás lo dan los fados que suenan en cada esquina del Barrio Alto. Quizás ese betún negruzco se lo da toda la historia y los momentos que han visto las calles de Lisboa, que no han visto las de San Francisco por muy cool que les parezca el Summer of Love. Quizás habría que volver a The Boxer para entender que:

and he carries the reminders, of every glove that layed him down or cut him till he cried out, in his anger and his shame

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Sea lo que sea, Lisboa es más un poema de Bukowski que uno de Machado, y por eso es que disfrutan tanto entre sus calles aquellos a quienes sus padres nunca dejaron ser unos vagabundos del Dharma, o llevar la camisa por fuera, o ir despeinados, pero que en realidad son más de Marilyn que de Jackie Kennedy. Yo, en cuanto me bajé del coche en la Avenida da Liberdade, me saqué y arrugué la camisa, como me consta que también hizo alguna vez J.F. Kennedy.

Hemos estado fuera un tiempo amigos, pero estamos de vuelta con más fuerza que nunca. Muy buenas noches.

ALASKA YOUNG

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2 pensamientos en “Lisboa y el Beat

  1. Me recomendaron leerte para que pudiera gozar yo también de tu exquisito postureo, pero la verdad es que casi vomito con tanta referencia frívola ¿tan difícil es escribir algo sin citar nombres o cosas que llamen la atención por ti? ¿Tan vacío estás por dentro? Créeme, me he esforzado por admirar tu texto pero soy incapaz de tomar en serio a un hombre que firma con un alias que parece una marca de lencería.

    Cordiales saludos

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